📖LECTURA EN MATEO 8: 16-17
Jesús no solo sanó a los enfermos físicamente, sino que también trajo sanidad al corazón, al alma y al espíritu. Cada milagro que realizaba era una muestra de su compasión, poder y amor infinito por las personas.
Este pasaje nos recuerda que Dios no es indiferente a nuestro sufrimiento. Él ve nuestras luchas, nuestras dolencias y se acerca con misericordia. Así como sanó a muchos en el pasado, sigue obrando hoy, trayendo esperanza en medio del dolor y fortaleza en medio de la debilidad.
Confiemos en que, aun cuando las circunstancias parezcan difíciles, Jesús tiene el poder de sanar y restaurar nuestras vidas por completo.
Bendecido inicio de semana. 

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